Expo Di Vino 2015: Tomate un vino y no te olvides

Siempre hay una primera vez para todo. Y más para aprender a tomar un buen vino.

El reloj anunciaba las 20 de un jueves frío y lluvioso, era el primer día de octubre y la primavera todavía no asomaba. Sin embargo, pese al clima, mucha gente se acercó al hotel Sheraton, que fue el centro de reunión en lo que significó la cuarta edición de la Expo Di Vino.

No era necesario ser un gran conocedor de vinos, pero si una persona abierta a probar nuevos sabores. Había gente de todo tipo. Estaban aquellos que tomaban su copa con delicadeza, desde el tallo para no calentarla,  observaban  el color. Giraban el contenido,  olían con toda la nariz dentro del cáliz. En cada fino sorbo dejaban que las papilas gustativas hagan lo suyo.

También estaba aquél que quiso ir a tomar un buen vino con amigos. Y ¿por qué no? Pagó su entrada, compró su copa, y ahí estaba. Quizás no entendía la diferencia entre un Malbec  y un Cabernet. Quizás tampoco quería saberlo. Aquél no-conocedor de vinos no se ponía a catarlo, pedía uno que le llamaba la atención y le daba un sorbo apurado.  “¡Qué rico!”, le decía a su amigo, tiene aromas cítricos. Lo cierto es que en esa especie de tertulia, había mucha gente, muchos stands con vinos y mucha iluminación.

En el medio estaba el no que pertenecía ni al grupo de los conocedores ni al de los bebedores que apuraban su copa para ir a llenarla nuevamente.  El que llegaba sin tener idea, a conocer, y terminaba degustando los vinos, e incluso, se daba el lujo de elegir su bodega preferida en esa noche fría.

Noche fría afuera, porque dentro del lugar, pasaban las horas y la gente iba sacándose el abrigo. Si bien el stand no era chico, podías cruzarte muchas veces a las mismas personas, siempre con la copa llena. Y en cada recorrido, un color diferente adornando la piel.  Los cachetes colorados y los ojos achinados y brillosos.

–              ¡Qué rico malbec! -.

–              No señor, usted está tomando un espumante-.

Las cosas se iban poniendo complicadas, en el buen sentido, para todos.  Había más de 600 productos distintos, bodegas boutiques, vinos de alta gama, vinos caseros.

Uno de los stands que más le llamó la atención  a una inexperta, como quien les escribe, fue la bodega La Hilda. El privilegio de haber probado aquél Roble Malbec, con un gusto frutal inconfundible, fue suficiente para ir recomendándolo a cada conocido que aparecía en el camino.

Si bien era una expo de vinos, también hubo otras bebidas. El tequila Patrón Citron Orange fue la alternativa divina de la expo. Preparado con naranjas maceradas, un poco de licor, unos cubitos de hielo, entre otros ingredientes, fue el cierre de la noche.

Un cierre que se realizó a eso de las 23. Si uno se ponía en la puerta, podía ver que el camino hacia el final se distorsionaba bastante. Algunos zigzagueaban, otros se iban con la copa aún llena, todos sonrientes.

El profesional pasó por todas las bodegas y a lo último seguramente ya probaba por inercia. El inexperto se fue creyéndose un gran conocedor y seguramente le recomendó al taxista algún vino.

Por Mariana Brailovsky y Loli Pérez

 
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